Se acerca el día del libro aquí tenemos unos cuentos para disfrutar, "El pájaro de oro", de los hermanos Grimm y "El rey que iba a morirse" de Giani Rodari. Saludos de 5º C.
EL REY QUE IBA A MORIRSE
Una vez había un rey que iba a morirse. Era un rey muy poderoso, pero estaba gravemente enfermo y se desesperaba:
- ¿Cómo es posible que un rey tan poderoso pueda morir? ¿Qué hacen mis magos? ¿Por qué no me salvan?
Pero los magos habían escapado por miedo a perder la cabeza. Sólo uno se había quedado, un viejo mago al que nadie hacía caso porque era más bien extravagante e incluso estaba un poco chiflado. El rey no le consultaba desde hacía muchos años, pero en esta ocasión lo mandó llamar.
- Puedes salvarte -dijo el mago, pero con una condición: que cedas tu trono por un día al hombre que más se te parezca. Entonces, el morirá en tu lugar.
Inmediatamente se promulgó un bando por todo el reino: "los que se parezcan al rey, preséntese en
Se presentaron muchos: algunos llevaban una barba igual que la del rey, pero tenían la nariz un poquitín más larga o más corta y el mago los descartó; otros se parecían al rey como una naranja se parece a otra en el cajón del verdulero pero el mago los descartó porque les faltaba un diente o porque tenían un lunar en la espalda.
- Estás descartándolos a todos -reprochaba el rey a su amgo-. Déjame probar con uno de ellos, por lo menos.
- De nada te servirá -decía el mago.
Una tarde el rey y su mago estaban paseando por los bastiones de la ciudad cuando, de repente, el mago gritó:
- Helo aquí, he aquí el hombre que se te parece más que ningún otro.
Y mientras decía esto señalaba a un mísero mendigo, jorobado, casi ciego, sucio y lleno de costras.
- Pero ¿cómo es posible? -protestó el rey-. Entre nosotros dos hay abismo.
- Un rey que va a morirse -insistía el mago-, sólo se parece al más pobre, al más desgraciado de la ciudad. Rápido, cambia tus vestiduras por las suyas durante un día, ponle en tu trono y estarás salvado.
Pero el rey no quiso admitir de ninguna manera que pudiera parecerse a un mendigo. Regresó a palacio muy malhumorado, y aquella misma noche murió, con la corona en la cabeza y el cetro en la mano.
Gianni Rodari
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